Que se pretende, si no se hace otra cosa que ganar oponentes en una lucha que está prácticamente perdida, si se lucha contra el Estado. Y el Estado siempre tendrá los artilugios justos para ganar cada partida. Está bien, la lucha es justa, lo que se quiere lograr es un poco de justicia. Paro hasta dónde se puede llegar, hasta dónde los artífices de las movilizaciones, aguantarán sin venderse a los poderosos.
Mientras tanto hay algunos que se menequean con el poder en la mano y prevén victorias futuras, sin siquiera haber salido a la cancha a disputar en serio lo que pretenden tener para ellos mismos.
Porque está visto que alguien que tiene poder en este país, lo tiene para beneficio propio y se olvida de que es lo que demanda tener poder.
Si nos remontamos a la Edad Media, dentro de toda la brutalidad de la época, los señores feudales sabían bien que debían defender, incluso hasta con su vida, a los pobres infelices que día producían sus campos, y llenaban sus cofres de oro, oro que los pobres infelices jamás veían en sus bolsillos pero si en el de los poderosos.
Pero… desgraciadamente eso se olvidó, los pobres infelices siguen siendo pobres e infelices, y los poderosos se olvidaron de sus responsablidades… Y si algún pobre infeliz sale a cortar una calle, una ruta o realiza una huelga, les mandan a los perros de los teatros antimotines.
Creo que eso se acabará de una vez, cuando los pobres infelices se cansen de una vez por todas, y dejen de ver con ojos perversos a los otros pobres infelices que buscan un cambio.
Es ahí donde todos jugamos un papel importante dentro de una sociedad de infelices y pobres, debemos mostrar el camino, usando los medios que tenemos a mano, la radio, la tv, la prensa escrita… saliendo a las calles a gritarle a la cara a los otros pobres e infelices que deben salir de su modorra y comenzar a luchar por ese cambio tan necesario.
Dejemos el egoísmo de lado, nos estamos hundiendo, cada vez más, y es casi imposible luchar en focos aislados.
Lo ideal es uno, dos, miles de pequeños incendios que se suman a un todo y provocan el llamado de atención que les hace falta a los orates, dementes con poder.
Todo el mundo reniega por lo bajo, pero se niega a abrir la boca, por ¿miedo? A quién, a qué, por qué…
Hermanos argentinos, el problema no son los yanquis, no son los del gobierno, ni muchos menos los de la oposición; el problema no es la droga, ni la tv, ni mucho menos…
El problema somos nosotros, y hasta que cambiemos nosotros, no vamos a poder cambiar nada y nos moriremos en la podredumbre en la que vivimos desde hace siglos…
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